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Nutrición deportiva

Antropometría ISAK o báscula de bioimpedancia

11 min de lectura Pol Talent Angulo, dietista-nutricionista col. CAT002580

Toma del perímetro del muslo con cinta antropométrica durante una medición ISAK

Qué mide cada método, cuánto error tiene cada uno y qué preguntas hacer antes de dejar que un porcentaje de grasa cambie tu alimentación o tu entrenamiento.

Te pesas en la báscula del gimnasio y te da un porcentaje de grasa. Dos días después, misma báscula y misma hora, te da un punto y medio menos. No has cambiado nada. Uno de los dos números está mal, o los dos.

Detrás de esa diferencia hay gente ajustando su alimentación sin motivo. Así que la pregunta útil no es cuál de los dos aparatos acierta, sino esta: ¿qué está midiendo cada método, con cuánto error, y qué decisiones aguanta ese dato?

¿Qué mide en realidad una báscula de bioimpedancia?

No mide grasa. Mide oposición al paso de una corriente eléctrica de baja intensidad a través del cuerpo.

El músculo, que tiene mucha agua y electrolitos, conduce bien. El tejido adiposo conduce mal. A partir de esa resistencia el aparato aplica una ecuación de predicción y estima cuánta agua corporal tienes; de ahí deduce masa libre de grasa y, restando, masa grasa.

Hay dos capas de estimación: una para pasar de resistencia a agua corporal, y otra para pasar de agua corporal a composición. Cada capa añade error, y los dos errores se suman.

Conviene decir también lo que la bioimpedancia sí hace bien. Una revisión de 2024 defiende que sus parámetros eléctricos en bruto —resistencia, reactancia y el llamado ángulo de fase— aportan información propia sobre el estado del músculo y la distribución de líquidos, y que reducir el aparato a «dame el porcentaje de grasa» es desaprovecharlo (Annunziata et al., 2024). El problema, entonces, no es la bioimpedancia. Es el número concreto que se le pide.

¿Por qué el porcentaje baila tanto de un día para otro?

Porque casi todo lo que mueve el agua corporal mueve el resultado:

  • El estado de hidratación. Un litro de diferencia cambia la lectura de forma apreciable. Se puede «perder grasa» bebiendo menos agua.
  • Haber comido o bebido antes de medir.
  • Haber entrenado en las horas previas. El ejercicio redistribuye líquidos y sube la temperatura de la piel.
  • La temperatura ambiente y la de la piel, que alteran la conductividad.
  • La fase del ciclo menstrual, por los cambios en retención de líquidos.
  • La ecuación que use ese modelo concreto.

El último punto es el menos visible y el que más pesa. Cada fabricante usa su propia ecuación, casi siempre no publicada y validada en una población determinada. Una revisión clásica sobre evaluación de la composición corporal ya avisaba de que las ecuaciones de predicción son específicas de la población en la que se desarrollaron, y que aplicarlas fuera de ella introduce sesgos sistemáticos: la densidad del tejido libre de grasa varía con la edad, el sexo, el nivel de actividad y el origen étnico (Heyward, 1996). Una ecuación ajustada en adultos sedentarios de mediana edad no tiene por qué funcionar en alguien de veinte años con mucha masa muscular.

Por eso dos básculas distintas dan dos porcentajes distintos el mismo día, y ninguna de las dos está estropeada. Están resolviendo ecuaciones diferentes con supuestos diferentes.

¿Qué mide la antropometría ISAK y en qué se diferencia?

La antropometría con protocolo ISAK no parte de una señal eléctrica: mide el tejido directamente sobre el cuerpo, con un protocolo internacional estandarizado.

Se marcan los puntos anatómicos con lápiz dermográfico y se toman pliegues cutáneos con un plicómetro calibrado, perímetros con cinta y diámetros óseos con paquímetro. Cada medida se repite por duplicado o triplicado, y si la variación entre repeticiones supera un umbral, se vuelve a medir.

Con esos datos se calcula el fraccionamiento de Kerr, que reparte el peso corporal en cinco masas —adiposa, muscular, ósea, residual y de piel— y el índice músculo-óseo. Puedes ver cómo es la medición completa en la página de antropometría ISAK.

La diferencia de fondo no es que una sea verdad y la otra no. También hay un modelo detrás de los pliegues. La diferencia es que el protocolo está estandarizado, el error del medidor es cuantificable y las condiciones se pueden repetir.

¿Cuál de las dos se acerca más a la realidad?

Aquí hace falta precisión, porque la respuesta no es la que suele darse.

Un estudio de 2022 comparó los dos métodos en 18 deportistas universitarias usando como referencia un modelo de cuatro compartimentos. El error de predicción fue de ±3,8 puntos porcentuales con pliegues, ±3,5 con bioimpedancia y ±2,8 combinando ambos (Foote et al., 2022). La bioimpedancia sobreestimó la grasa respecto a la referencia; la estimación por pliegues no se separó de ella de forma significativa. Dicho de otro modo: en exactitud bruta las dos andan parecidas, y combinarlas es mejor que cualquiera de las dos por separado.

Un trabajo de 2025 en 49 deportistas paralímpicos comparó pliegues tomados según norma ISAK frente a densitometría (DXA). Las correlaciones fueron altas —entre 0,83 y 0,85— pero las ecuaciones de estimación del porcentaje de grasa arrastraban un sesgo de entre −2,0 y −7,9 puntos y un error individual grande (van Schijndel et al., 2025). Los autores recomiendan algo que cambia el enfoque: interpretar la suma de pliegues como tal, en lugar de convertirla a un porcentaje de grasa que añade error sin añadir información.

Y una revisión narrativa de 2021 que repasó todos los métodos usados en deporte llegó a una conclusión que su propio título resume: de todas las herramientas disponibles, los pliegues son los menos afectados por la variabilidad del día a día (Kasper et al., 2021).

Esa es la clave, y no la exactitud. Para seguir a una persona a lo largo de una temporada, lo que importa no es acertar el valor absoluto: es que el error sea pequeño y constante, para que un cambio de verdad se distinga del ruido de la medición.

¿Para qué sirve cada una?

La bioimpedancia tiene usos razonables:

  • Como seguimiento aproximado y frecuente en la misma persona, con el mismo aparato y en las mismas condiciones (en ayunas, sin haber entrenado, a la misma hora). La tendencia puede ser informativa aunque el valor absoluto no lo sea.
  • Cuando no hay acceso a un antropometrista y se necesita algún dato.
  • En entornos con equipos multifrecuencia y protocolos controlados, donde se usa sobre todo para valorar agua corporal y parámetros eléctricos en bruto, que es lo que de verdad mide.

La antropometría encaja cuando:

  • Vas a tomar decisiones de planificación a partir del dato.
  • Quieres seguir la evolución a lo largo de una temporada.
  • Compites en un deporte con categorías de peso y necesitas saber de dónde se puede bajar y de dónde no.
  • Quieres comparar tus valores con referencias de tu deporte y tu posición.

Y hay algo que no hace ninguna de las dos: decirte si estás sano. La composición corporal es un dato más, no un diagnóstico. En deportistas jóvenes esto se ve bien: un estudio en 299 chicos y chicas de 8 a 18 años encontró que clasificarlos solo por el índice de masa corporal reasignaba de categoría a una parte importante respecto a valorar la grasa corporal, y que el IMC por sí solo no basta a esas edades (Petri et al., 2016).

En la práctica

Situación: tu báscula de casa te da 18 % un lunes y 16,5 % el miércoles.
Decisión: no cambies nada todavía y vuelve a medir en las mismas condiciones durante tres semanas.
Razón: un punto y medio está dentro del margen que explican la hidratación y la hora de medición. Un cambio real de composición en 48 horas es, sencillamente, más lento que eso.

Situación: te han hecho una antropometría y la suma de pliegues ha bajado 4 mm en dos meses.
Decisión: pide el error técnico de medida de quien te midió antes de interpretarlo.
Razón: si ese error está en el orden de los 4 mm, el cambio no se distingue del ruido. Si es mucho menor, el cambio significa algo.

Situación: compites en una categoría de peso y vas justo.
Decisión: antropometría, y con tiempo.
Razón: lo que necesitas saber no es cuánto pesas, sino cuánto de ese peso es masa que puede bajar sin perder rendimiento. Eso no sale de un porcentaje global.

Situación: solo quieres saber si vas bien.
Decisión: fíjate en el entrenamiento, en cómo te recuperas y en cómo comes, y usa la báscula como mucho una vez al mes.
Razón: ninguno de los dos métodos responde a esa pregunta. Responden a otra mucho más estrecha.

¿Qué preguntar antes de fiarte de un porcentaje de grasa?

Cinco preguntas que separan un número útil de un número decorativo:

  1. ¿Con qué método se ha obtenido? Si es bioimpedancia, qué equipo y si es de una o varias frecuencias.
  2. ¿Qué ecuación se ha usado y en qué población se validó? Si nadie sabe responder, el número vale lo que vale.
  3. ¿Cuál es el error de medida? Un antropometrista acreditado conoce su error técnico de medida y puede decírtelo. Si tu cambio es menor que ese error, no se puede interpretar como un cambio real.
  4. ¿Se midió en condiciones estandarizadas? Misma hora, sin entrenar antes, sin deshidratación, mismo operador.
  5. ¿Con qué se compara? Un porcentaje suelto no dice nada. Comparado con tu propia medición anterior, tomada igual, empieza a decir algo.

Preguntas frecuentes

¿La antropometría ISAK es más exacta que una báscula de bioimpedancia?

En exactitud frente a métodos de referencia las dos tienen errores parecidos, de unos tres o cuatro puntos porcentuales (Foote et al., 2022). La ventaja de la antropometría está en otro sitio: es el método menos afectado por la variabilidad del día a día (Kasper et al., 2021), y por eso sirve para comparar dos mediciones separadas en el tiempo.

¿Por qué dos básculas distintas me dan porcentajes distintos?

Porque cada fabricante usa una ecuación propia, normalmente no publicada y validada en una población concreta. Aplicada fuera de esa población introduce un sesgo sistemático (Heyward, 1996). No es que una falle: resuelven ecuaciones distintas.

¿Cuánto tiene que cambiar un valor para que signifique algo?

Más que el error de medida de quien te está midiendo. Esa cifra existe, se llama error técnico de medida y es una pregunta legítima. Sin ella, cualquier interpretación de un cambio pequeño es una suposición.

¿Cada cuánto tiene sentido medirse?

Depende de para qué. Para seguir una temporada, cada cuatro a seis semanas da margen a que haya algo que ver. Medirse cada semana suele producir más ruido que información, porque los cambios reales son más lentos que la variabilidad del método.

¿Sirve de algo el porcentaje de grasa en deportistas jóvenes?

Con cuidado y nunca como objetivo. En población de 8 a 18 años, valorar solo el índice de masa corporal clasifica mal a una parte de los chicos y chicas (Petri et al., 2016), pero eso no convierte el porcentaje de grasa en un objetivo a perseguir a esas edades. Es un dato de seguimiento del crecimiento, no una meta.

Lo que decide el dato

Un número aislado, obtenido con un método que no sabes cuál es, no debería mover ninguna decisión sobre tu alimentación ni sobre tu entrenamiento. La pregunta que sí sostiene una decisión casi nunca es «cuánta grasa tengo», sino «hacia dónde me estoy moviendo y con qué margen de error lo estoy viendo».

Y hay un matiz que suele perderse: medir mejor no sirve de nada si la medición no va a cambiar ninguna decisión. Antes de pedir una antropometría, vale la pena saber qué harías distinto según el resultado. Si la respuesta es «nada», el dato sobra.

Si quieres una medición que sí se pueda comparar dentro de seis meses, eso es la antropometría ISAK: protocolo completo, informe el mismo día y repetición mensual. No se vende suelta —va dentro de los programas—, precisamente porque su valor está en la serie y no en el dato aislado. Cómo encaja en el proceso completo está en cómo trabajo.

Fuentes y lecturas recomendadas

Referencias localizadas a través de PubMed:

  • Kasper AM, Langan-Evans C, Hudson JF, et al. Come Back Skinfolds, All Is Forgiven: A Narrative Review of the Efficacy of Common Body Composition Methods in Applied Sports Practice. Nutrients. 2021;13(4):1075. DOI
  • Foote DM, Berkelhammer M, Marone J, Horswill CA. Combining Anthropometry and Bioelectrical Impedance Analysis to Predict Body Fat in Female Athletes. J Athl Train. 2022;57(4):393-401. DOI
  • van Schijndel N, Weijer V, van Loon LJC, van Dijk JW. Feasibility and Accuracy of Body-Fat Assessment Using Standardized Skinfold-Thickness Assessment Versus Dual-Energy X-Ray Absorptiometry in Paralympic Athletes. Int J Sports Physiol Perform. 2025;21(2):241-251. DOI
  • Heyward VH. Evaluation of body composition. Current issues. Sports Med. 1996;22(3):146-56. DOI
  • Annunziata G, Paoli A, Frias-Toral E, et al. Use of phase angle as an indicator of overtraining in sport and physical training. J Transl Med. 2024;22(1):1084. DOI
  • Petri C, Mascherini G, Bini V, et al. Integrated total body composition versus Body Mass Index in young athletes. Minerva Pediatr. 2016;72(3):163-169. DOI

Medirlo sobre tu caso

Un artículo explica el método. Si lo que quieres es una valoración de tu composición corporal y un seguimiento con datos comparables en el tiempo, eso se hace dentro del programa.

Ver el Programa Rendimiento