Nutrición en baloncesto: repetir sin perder el gesto fino
Lo que se ve desde una consulta del Vallès
En el Vallès Oriental hay bastante baloncesto de base y amateur, y llega a consulta con las mismas tres preguntas casi siempre: a qué hora comer cuando el partido puede empezar a las nueve de la mañana o a las nueve de la noche, qué hacer en un desplazamiento donde no hay cocina, y qué pasa con un chaval de quince años que ha crecido diez centímetros en un año.
Esta página contesta a las tres con criterios, que es lo que se puede escribir para todo el mundo a la vez. Lo que no se puede escribir para todo el mundo es una pauta: para eso hay que medir a la persona y conocer su calendario.
Y una advertencia que prefiero dar yo: no trabajo con ningún club de baloncesto. Trabajo con un club, y es de balonmano. Si has llegado buscando una lista de escudos, aquí no la hay.
- Dietista-nutricionista colegiado CAT002580 · Col·legi de Dietistes-Nutricionistes de Catalunya (CODINUCAT).
- MSc en Nutrición para la Actividad Física y el Deporte · Universitat de Barcelona.
- Antropometrista acreditado ISAK nivel 2.
La distancia engaña: lo caro es frenar y volver a salir
Si miras el dato de kilómetros recorridos en un partido de baloncesto, te llevas una idea equivocada del esfuerzo. La pista es corta y no se corre tanto en línea recta. Lo caro no es la distancia, es la aceleración y la frenada, y el salto, y el cambio de dirección, repetidos cuarto tras cuarto durante todo el partido.
Esa clase de esfuerzo tiene una firma que cualquiera que juegue reconoce: la fatiga no aparece primero en las piernas, aparece en el gesto fino. El tiro se queda corto, el pase de decisión llega tarde, el bote sube. Se falla lo que requiere precisión antes de que se note en la carrera, y por eso un mal último cuarto rara vez se explica por «no llegar físicamente».
Debajo de eso está el glucógeno muscular, que es el combustible de las acciones que se repiten a alta intensidad. Cuando el depósito baja, lo primero que se pierde es justo la capacidad de repetirlas con la misma calidad. Ordenar el aporte de hidratos alrededor de lo que se entrena y se juega no va de comer más: va de tener el depósito donde tiene que estar el día que toca.
Es también la razón de que la planificación en baloncesto se note más en los tramos finales que en los primeros minutos. Y de que nadie se dé cuenta de que le falta combustible hasta que ya no hay margen para arreglarlo.
Aquí no manda el día, manda la hora del salto inicial
En baloncesto amateur el mismo equipo puede jugar a las nueve y media de la mañana un sábado de formación y a las nueve de la noche un miércoles de sénior. No es el mismo día con otro horario: es un día distinto entero, y ordenarlo requiere empezar por el final y contar hacia atrás.
- Salto inicial a primera hora. El margen desde que te levantas es corto, así que la comida que sostiene el partido fue la cena de la víspera y el desayuno se simplifica para que dé tiempo a vaciar el estómago. Es el escenario en el que menos se puede improvisar.
- Salto inicial a media tarde. El más manejable: hay una comida completa a distancia razonable y basta con vigilar el margen y el volumen de esa comida.
- Salto inicial de noche. El peor resuelto y el más frecuente en sénior. Entre la comida y el partido hay demasiadas horas para no hacer nada, así que hace falta una toma intermedia decidida de antemano. Y detrás hay una cena que llega tarde, que es la otra mitad del problema.
- Las pausas, que el baloncesto sí da. Tiempos muertos, cambios y el descanso entre cuartos son ventanas reales para beber, y en partidos exigentes también para una cantidad pequeña de hidratos. Es la ventaja de este deporte frente a los otros dos, y la mayoría de jugadores no la usa.
Aquí no hay horarios cerrados a propósito. Un horario cerrado es una pauta, y una pauta se escribe para alguien a quien has medido y cuyo calendario conoces. Lo que se puede publicar son los criterios con los que se decide, y son estos cuatro.
Una semana de liga y copa, día por día
El calendario del baloncesto se llena. Cuando aparece el partido entre semana, la recuperación deja de ser un extra y pasa a ser el cuello de botella de la semana entera. Esto no es una pauta: es qué manda cada día y qué se decide en consecuencia.
| El día | Qué manda ese día | La decisión que hay que tomar |
|---|---|---|
| Partido entre semana | Se juega tarde y se acaba tarde, con trabajo o clase al día siguiente. | La cena de después, decidida antes de salir de casa. Es la toma que más se pierde de toda la semana. |
| Día siguiente | Recuperar de un partido y llegar entero al resto de la semana. | Aporte completo aunque la sesión sea suave o no haya. Bajar la comida porque «hoy toca descanso» es empezar la semana con el depósito a medias. |
| Sesión de fuerza | Carga en el gimnasio, muchas veces encadenada con pista el mismo día. | Proteína repartida a lo largo del día y una toma cerca de la sesión. Con doble sesión, el margen entre las dos manda más que el contenido. |
| Sesión de tiro y táctica | Menos gasto, pero es donde se entrena el gesto fino. | No hace falta una carga alta de hidratos; sí llegar sin hambre y sin haber comido justo antes. Un día de menos volumen no es un día de restricción. |
| Víspera del partido | Dejar el depósito lleno y el estómago tranquilo. | Comida y cena reconocibles, con hidratos y poca cosa nueva. La víspera no es el día de probar nada. |
| Día de desplazamiento | No hay cocina, hay autobús y hay horarios que no eliges. | Se lleva comprado y decidido. Es logística, no fuerza de voluntad. |
Nada de esto es compensatorio. Ni una comida se paga con entrenamiento, ni un partido malo se paga comiendo menos. Lo que cambia entre un día y otro es dónde se concentra el aporte, no cuánto se merece.
En un pabellón cerrado no notas que estás sudando
Es el error más repetido del baloncesto y el más fácil de corregir. En una pista cubierta no hay sol ni viento, el aire está quieto y la sensación no se parece a la de correr al aire libre en agosto. La consecuencia es que se bebe por debajo de lo que se pierde sin ninguna sensación de estar haciéndolo mal.
Y encima nadie pierde lo mismo. En el mismo partido y con la misma temperatura, dos compañeros de equipo pueden estar en cantidades muy distintas: influyen el tamaño corporal, los minutos que se juegan, el grado de aclimatación y una tasa de sudoración que sencillamente es distinta en cada persona. Por eso no vas a leer aquí una cifra de litros por partido: sería la media de un estudio hecho con otra gente, y esa media no es nadie.
Lo que sí se puede hacer es estimarlo en tu caso. Pesarse antes y después de una sesión exigente, anotar lo bebido durante ella y mirar la diferencia da una idea razonable de la magnitud; repetido en dos o tres sesiones, deja de ser anécdota. Con eso ya se decide cuánto beber, cada cuánto, y si hace falta sal.
Y el baloncesto pone la parte fácil: es el deporte de los tres que más pausas da para beber. El problema casi nunca es la oportunidad, es no saber cuánta falta.
Con una plantilla de estaturas tan dispares, el peso solo no dice nada
El baloncesto es el deporte de equipo donde más se estira el rango de tallas dentro del mismo vestuario. Un base y un pívot pueden llevarse treinta centímetros y muchos kilos, y los dos pueden estar exactamente donde tienen que estar. Comparar sus pesos, o sus índices de masa corporal, no informa de nada.
Lo que sí informa es cómo está repartido ese peso, y eso no lo da una báscula: lo da una medición que separe el tejido adiposo del muscular y del óseo, tomada siempre con el mismo protocolo. Un jugador interior que necesita sostener contacto bajo el aro y un exterior que vive de arrancar y frenar no tienen el mismo reparto, ni deberían tenerlo.
Y hay una referencia que vale más que todas las demás juntas: tu propia medición anterior. Es la única que compara tu cuerpo con tu cuerpo, con la misma técnica y la misma mano, y es donde aparece la dirección del cambio en vez de una foto suelta.
Aquí no publico porcentajes de referencia por puesto: una cifra sin la metodología al lado no es un dato. Lo que sí puedo explicar es cómo se mide y qué sale de la medición. Qué mide una antropometría ISAK →
Si juegas a baloncesto y eres mujer
No es un apartado de cortesía. Son tres asuntos que cambian la valoración y la planificación, y en un deporte de salto y aterrizaje repetidos van especialmente juntos.
- La salud ósea, y aquí primero. El hueso responde a la carga de impacto, que en baloncesto sobra, pero solo si tiene con qué construirse. Cuando el aporte no acompaña, la carga de salto deja de ser un estímulo y pasa a ser solo desgaste. Es lo que más tarda en verse y lo que menos margen deja para corregir después.
- La disponibilidad energética. Cuando durante un tiempo sostenido lo que se come no cubre lo que cuesta entrenar y jugar, el cuerpo recorta funciones que no son urgentes. En una temporada con partido entre semana y desplazamientos, ese desajuste se instala sin ninguna intención de comer poco: simplemente no cuadran las horas.
- El ciclo menstrual. Es de las primeras señales de ese desajuste y por eso se pregunta en la primera visita. Perder el ciclo entrenando fuerte no es señal de que el trabajo vaya bien: es un dato clínico y se trata como tal.
Y el alcance, dicho antes y no después: esto se pregunta, se valora y se tiene en cuenta al planificar. No se diagnostica desde una consulta de nutrición. Si aparece una amenorrea, un problema óseo o una sospecha de trastorno de la conducta alimentaria, lo que toca es derivar y trabajar en paralelo con quien corresponda.
Los cuatro capítulos, con los escenarios del baloncesto dentro
Arriba están los criterios. El manual de baloncesto es lo mismo desarrollado: el día de partido franja por franja según la hora real del salto inicial, la semana entera, los suplementos que tienen respaldo —y el tamaño de efecto que tienen— y el capítulo que más se subraya, el de los errores que más se repiten.
Los dos escenarios propios del baloncesto ocupan sitio propio: la semana de liga y copa, con el desplazamiento en autobús y el partido que acaba a las diez y media, y las pausas del partido aprovechadas de verdad en vez de desperdiciadas.
Es gratis y llega al correo. Solo pido nombre y correo: sin teléfono, y no llama nadie.
Descargar el manual de baloncesto
Qué no vas a encontrar en esta página
Mejor decirlo antes de que lo busques.
- Un plan semanal para jugadores de baloncesto. No existe uno que sirva a la vez para un base de 17 años que está creciendo y para un pívot de 30 que juega los miércoles y trabaja los jueves. Aquí van los criterios; el plan se construye con la persona delante.
- Menús con horas y gramajes. Publicar un menú es dar una pauta a alguien a quien no he valorado. Es exactamente lo contrario de cómo trabajo.
- Cifras de composición corporal por puesto. Las tengo y son útiles, pero solo al lado de la metodología con la que están tomadas.
- Promesas de rendimiento. No te voy a decir que vas a tirar mejor en el último cuarto ni que vas a recuperar antes entre partidos, porque no lo puedo saber y prometerlo estaría además prohibido. Lo que se compromete es el contenido del trabajo: qué se mide, cómo se planifica y cada cuánto se revisa.
- Nada compensatorio. Ni entrenar para pagar una comida, ni recortar una comida para pagar un partido. En ninguna de sus formas.
Y una cosa más que no vas a encontrar: escudos de clubes de baloncesto. No trabajo con ninguno, y ponerlos sería el mismo problema que la web vieja tenía y que esta corrige.
Preguntas frecuentes
¿A qué hora se come si el partido es a las nueve de la noche?
Es el caso más frecuente en sénior y el peor resuelto de todos. Entre la comida del mediodía y el salto inicial pueden pasar siete horas, y llegar a la pista con eso detrás no funciona. La respuesta no es comer más al mediodía, es meter una toma intermedia planificada a media tarde, con hidratos y poca grasa, y dejar decidido de antemano qué es y a qué hora. Improvisarla a las ocho menos cuarto con lo que haya en la máquina del pabellón es lo que hay que evitar.
¿Qué se hace en los tiempos muertos y en los cambios?
Beber, sobre todo. El baloncesto es de los deportes de equipo que más pausas de reglamento da —tiempos muertos, cambios sin límite, final de cada cuarto— y desperdiciarlas es un error gratuito: son las únicas ventanas del partido en las que puedes reponer líquido sin perder nada. En partidos largos o en pabellón caluroso, además, ahí cabe una pequeña cantidad de hidratos en quien los tolera. Lo que no cabe es una comida, y por eso lo que se decide antes del partido importa más que lo que pase en el banquillo.
¿Y si hay partido el miércoles y otro el domingo?
Entonces la recuperación pasa a ser el cuello de botella de la semana, y la planificación se ordena alrededor de eso en vez de alrededor de la sesión más dura. En una semana así lo que menos margen tiene es la noche del partido entre semana: se acaba tarde, se cena mal y al día siguiente hay clase o trabajo. Es el punto donde más se gana con una decisión tomada de antemano.
¿Y en el autobús, cuando el desplazamiento es largo?
Se resuelve como se resuelve cualquier escenario sin cocina: llevándolo decidido y comprado. Un desplazamiento no es un día especial que se salta la planificación, es un día previsto con menos opciones. Lo que cambia es la logística, no el criterio: qué aguanta sin frío, qué se puede comer en un asiento y qué hace falta al llegar. El manual de baloncesto lo tiene resuelto con cosas concretas.
Mi hijo está en categoría de formación y ha pegado el estirón. ¿Le sobra o le falta?
La pregunta que hay que hacerse en esa edad no es esa. En un jugador o jugadora en crecimiento el objetivo nunca es la composición corporal: es cubrir el crecimiento y la carga de entrenamiento a la vez, que ya es bastante. En baloncesto esto se ve más que en ningún otro deporte de equipo porque los estirones son grandes y llaman la atención. Confundir crecer con comer sin criterio es un error, y ponerle una pauta de reducción a un adolescente es otro más grande.
¿Café antes de un partido nocturno, sí o no?
Depende de la persona y de la hora. La cafeína funciona, eso está fuera de duda, pero tiene una vida media de unas cinco horas: una dosis a las ocho de la tarde sigue actuando a medianoche, justo cuando toca dormir después de un partido que ha acabado a las diez y media. Si duermes mal esa noche, el efecto neto sobre la semana puede ser peor que el beneficio del partido. Se prueba en entrenamiento, no en competición, y se decide con lo que pase después.
¿Cómo se ajusta todo esto a mi caso y a mi calendario?
Midiendo y planificando sobre tu calendario real, no sobre uno de ejemplo. Es lo que hace el Programa Rendimiento: valoración con antropometría, planificación por tipo de día y una medición nueva cada mes para ver si lo decidido va por donde tiene que ir. Antes hay una llamada de 15 minutos sin coste para ver si encaja.