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Salud y alimentación

Cortisol: qué dice la evidencia y qué se inventó internet

11 min de lectura Pol Talent Angulo, dietista-nutricionista col. CAT002580

Estante de cocina con botes de suplementos que se venden para el estrés

Qué es el cortisol, qué mitos no se sostienen, qué pruebas miden algo de verdad y qué hábitos tienen respaldo, con el tamaño de efecto que tienen y no el que se les atribuye.

En los últimos años el cortisol se ha convertido en el culpable universal. Si duermes mal, es el cortisol. Si tienes la cara hinchada, es el cortisol. Si no bajas de peso, es el cortisol. Y detrás de cada explicación hay, casi siempre, un producto.

Conviene ordenar esto, porque el discurso que circula es falso en su mayor parte, pero la reacción contraria —«el estrés no existe, es todo excusa»— tampoco se sostiene. La pregunta que vale la pena responder es cuánto de lo que se dice del cortisol aguanta una revisión de la evidencia, y qué queda en pie después.

¿Qué es el cortisol y para qué sirve?

Es una hormona esteroidea que produce la corteza suprarrenal, regulada por el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal. Interviene en el metabolismo de la glucosa, en la respuesta inflamatoria, en la presión arterial y en el estado de alerta.

Tiene un ritmo circadiano muy marcado: sube fuerte en los treinta o cuarenta minutos posteriores a despertarte —lo que se llama respuesta de despertar— y va cayendo a lo largo del día hasta un mínimo nocturno. Eso significa que un valor suelto de cortisol, sin saber a qué hora se tomó, es prácticamente ilegible.

No es una hormona «mala». Sin cortisol no te levantas de la cama.

¿Qué mitos sobre el cortisol no se sostienen?

«Tienes cara de cortisol». La cara redondeada por exceso de glucocorticoides es un signo del síndrome de Cushing, una enfermedad poco frecuente con un cuadro clínico completo detrás: fragilidad capilar, estrías anchas de color vinoso, debilidad muscular proximal, hipertensión. No se diagnostica por una foto en redes, y confundir hinchazón matinal con Cushing genera ansiedad sin motivo.

«El cortisol alto te hace acumular grasa abdominal». Aquí hay algo real y mucho exagerado. En hipercortisolismo clínico sí hay redistribución de grasa. En personas sanas con estrés cotidiano, la asociación entre cortisol y adiposidad abdominal aparece en algunos estudios, es modesta y bastante inconsistente, y la dirección de la causalidad no está clara: la propia obesidad altera el eje. Convertir eso en «tu barriga es cortisol» es un salto que los datos no permiten.

«Necesitas limpiar el cortisol acumulado». No existe tal cosa. El cortisol se regula solo y no se acumula como un residuo.

«Este suplemento baja el cortisol». Este merece su propio apartado, porque es el que más se compra.

¿La ashwagandha baja el cortisol?

Es el adaptógeno con más ensayos detrás, y la respuesta corta es que sí baja el cortisol medido, con un efecto pequeño y en estudios con limitaciones importantes.

Un metaanálisis de 2024 reunió nueve ensayos aleatorizados con 558 participantes y encontró reducciones frente a placebo en la escala de estrés percibido (diferencia media −4,72 puntos), en la escala de ansiedad de Hamilton (−2,19) y en el cortisol sérico (−2,58, con un intervalo de confianza del 95 % entre −4,99 y −0,16) (Arumugam et al., 2024). Ese intervalo roza el cero, lo que significa que el efecto sobre el cortisol es pequeño y poco preciso.

Los ensayos individuales van en la misma línea. Uno de 2019 con 60 adultos y 240 mg diarios durante 60 días encontró reducción del cortisol matutino y mejoría en la escala de ansiedad (Lopresti et al., 2019). Otro de 2023, con 54 participantes y extracto estandarizado al 2,5 % de witanólidos, encontró mejoras en estrés percibido, ansiedad y calidad de vida, y reducción del cortisol salival matutino (Majeed et al., 2023).

Lo que conviene mirar es el tamaño de la muestra: 60 y 54 personas, ocho semanas. Son estudios pequeños y cortos, con mucha heterogeneidad de extractos y dosis, y varios de ellos realizados o financiados por fabricantes del producto. Hay señal; no hay base para presentarlo como una solución.

Y hay un salto lógico que se hace siempre: que un marcador baje en un ensayo de ocho semanas no significa que eso se traduzca en un beneficio para la salud a medio plazo. Esa parte no se ha estudiado.

¿Qué pruebas de cortisol miden algo de verdad?

Esto es lo que más confusión genera, porque se venden pruebas que no responden a la pregunta que la gente cree estar haciendo.

  • Cortisol sérico matutino. Útil como primera aproximación ante sospecha clínica, muy dependiente de la hora y del estrés de la propia extracción.
  • Cortisol libre en orina de 24 horas y cortisol salival nocturno. Son pruebas de cribado reconocidas cuando se sospecha hipercortisolismo.
  • Test de supresión con dexametasona. Prueba clínica para el mismo escenario.
  • Cortisol en pelo. Estima la exposición acumulada de los últimos meses. Es interesante para investigación y prometedor, pero le afectan el color y el tratamiento del cabello, los lavados y la velocidad de crecimiento, y no hay valores de referencia consolidados para uso individual.
  • Perfiles salivales de varios puntos del día vendidos como «test de fatiga adrenal».

Sobre el último conviene ser concreto. Una revisión sistemática de 2016 revisó 3.470 artículos y analizó los 58 que cumplían criterios —33 en personas sanas y 25 en pacientes con síntomas— buscando evidencia de que la «fatiga adrenal» exista como entidad. La conclusión de los autores es que no la encontraron, y que los resultados eran contradictorios con independencia de la calidad de las pruebas empleadas (Cadegiani y Kater, 2016).

Resumiendo: hay pruebas buenas para descartar enfermedad endocrina, y no hay una prueba validada que diga «tienes el cortisol un poco alto por estrés» y sirva para tomar decisiones. Quien vende esa prueba está vendiendo una precisión que la prueba no tiene.

¿Qué hábitos sí mueven el cortisol?

Y aquí viene la parte incómoda: son los de siempre, y sus efectos sobre el cortisol medido son en general modestos.

Dormir lo suficiente. Es la palanca con más respaldo, y conviene fijarse en el detalle. Un estudio en quince mujeres jóvenes comparó una noche de diez horas de oportunidad de sueño con una de tres: tras la noche corta, el cortisol matutino fue más bajo, el del final del día fue más alto y la caída a lo largo de la jornada fue más lenta (Omisade et al., 2010). Es decir, lo que la falta de sueño desordena no es tanto el nivel como el ritmo. Un trabajo con bomberos que combinó trabajo físico y sueño restringido encontró el mismo patrón: cortisol elevado por la tarde y la noche con cuatro horas de sueño frente a ocho (Wolkow et al., 2015).

Actividad física regular. El ejercicio agudo sube el cortisol —es lo esperable y es adaptativo—, pero el entrenamiento regular se asocia a mejor regulación del eje y a menos estrés percibido.

Comer lo suficiente. Las restricciones energéticas grandes y sostenidas elevan el cortisol. Este punto se ignora mucho: quien lleva meses comiendo poco y entrenando mucho no tiene un problema de cortisol, tiene un problema de disponibilidad energética.

Cafeína y alcohol. La cafeína eleva el cortisol de forma aguda, con tolerancia parcial en consumidores habituales. El alcohol lo eleva y además fragmenta el sueño. Reducirlos por la tarde es razonable.

Programas de reducción de estrés basados en atención plena. Los metaanálisis encuentran efectos pequeños sobre el cortisol y algo mayores sobre el estrés percibido. Que la persona esté mejor importa aunque el marcador se mueva poco.

En la práctica

Situación: te has hecho un test de saliva por internet y te sale «cortisol desregulado».
Decisión: no compres el protocolo que viene detrás; si tienes síntomas, consulta.
Razón: esos perfiles no tienen valores de referencia validados para uso individual, y la entidad que dicen diagnosticar no se sostiene en la revisión sistemática disponible (Cadegiani y Kater, 2016).

Situación: duermes cinco horas entre semana y quieres «bajar el cortisol».
Decisión: el sueño antes que el suplemento.
Razón: la restricción de sueño desordena el ritmo del cortisol de forma medible en una sola noche (Omisade et al., 2010), y ningún producto corrige eso mientras la causa siga ahí.

Situación: llevas meses comiendo poco y entrenando mucho, y estás plano.
Decisión: revisa la disponibilidad energética antes que nada.
Razón: el déficit sostenido eleva el cortisol y afecta al sueño, al ánimo y al rendimiento a la vez. Es el escenario en el que más se culpa al cortisol y menos se mira la causa.

Situación: quieres probar ashwagandha.
Decisión: puede tener sentido como añadido, no como sustituto, y con expectativas calibradas.
Razón: el efecto medio sobre el cortisol en el metaanálisis disponible es pequeño y con un intervalo que roza el cero (Arumugam et al., 2024). Si el sueño, la comida y la carga de entrenamiento no están resueltos, es el último sitio donde mirar.

¿Y si el estrés sí importa?

Decir que el «cortisol alto» que circula por redes no se sostiene no equivale a decir que el estrés crónico dé igual. Hay asociaciones razonablemente establecidas entre estrés sostenido y riesgo cardiovascular, sueño, conducta alimentaria y salud mental. Lo que no está establecido es que la vía sea una cifra de cortisol que puedas medirte y corregir con un producto.

La forma honesta de decirlo es esta: el estrés importa, el cortisol es solo uno de los mensajeros, y medirlo fuera de un contexto clínico rara vez cambia lo que hay que hacer.

Preguntas frecuentes

¿Puedo saber si tengo el cortisol alto con un test casero?

Puedes obtener un número, pero no una respuesta. Las pruebas reconocidas —cortisol libre en orina de 24 horas, cortisol salival nocturno, supresión con dexametasona— están pensadas para descartar enfermedad endocrina, no para medir «estrés». Los perfiles salivales que se venden para eso no tienen valores de referencia consolidados para uso individual.

¿La ashwagandha funciona o no?

Baja el cortisol medido y mejora escalas de estrés percibido, con un efecto pequeño: en el metaanálisis de nueve ensayos y 558 participantes, la reducción media de cortisol fue de −2,58 con un intervalo que llega hasta −0,16 (Arumugam et al., 2024). Los estudios son cortos, pequeños y varios están financiados por fabricantes. No es humo, pero tampoco es la palanca principal.

¿La «fatiga adrenal» existe?

No como diagnóstico. La revisión sistemática que buscó evidencia de esa entidad analizó 58 estudios y no encontró sustento (Cadegiani y Kater, 2016). Que no exista la entidad no significa que el cansancio de quien la busca no sea real: significa que la causa hay que buscarla en otro sitio.

¿Dormir mal sube el cortisol?

Lo desordena más que subirlo de forma uniforme. Tras una noche corta, el cortisol matutino baja, el vespertino sube y la caída a lo largo del día se ralentiza (Omisade et al., 2010). Por eso el síntoma típico no es «tener el cortisol alto», sino estar espeso por la mañana y activado por la noche.

¿El cortisol engorda?

En enfermedad por exceso de glucocorticoides hay redistribución de grasa, eso está establecido. En personas sanas con estrés cotidiano la asociación entre cortisol y grasa abdominal es modesta, inconsistente y de dirección poco clara. No es una explicación suficiente para un cambio de peso.

Lo que queda en pie

Si tuvieras que quedarte con una sola idea: el cortisol no es un indicador que tenga sentido perseguir fuera de la consulta. Es una hormona con un ritmo diario pronunciado, difícil de interpretar en un valor suelto, y sin una prueba validada que distinga «estrés» de normalidad en una persona sana.

Lo que sí mueve el eje de forma medible —dormir, comer suficiente, entrenar con regularidad— es también lo que mejora cómo te encuentras, se mida el cortisol o no. Esa es la parte que se puede decidir hoy.

Si quieres el tema entero: se está desarrollando en una guía propia, Cortisol sin mitos, con el capítulo de la ashwagandha desarrollado y el resto de la evidencia puesta en su sitio.

Y si lo que tienes son síntomas que te preocupan, lo que toca no es un test comprado por internet: es una consulta. Puedes escribirme y vemos si el caso es mío o si lo que hace falta es una derivación.

Fuentes y lecturas recomendadas

Referencias localizadas a través de PubMed:

  • Cadegiani FA, Kater CE. Adrenal fatigue does not exist: a systematic review. BMC Endocr Disord. 2016;16(1):48. DOI
  • Arumugam V, Vijayakumar V, Balakrishnan A, et al. Effects of Ashwagandha (Withania Somnifera) on stress and anxiety: A systematic review and meta-analysis. Explore (NY). 2024;20(6):103062. DOI
  • Lopresti AL, Smith SJ, Malvi H, Kodgule R. An investigation into the stress-relieving and pharmacological actions of an ashwagandha (Withania somnifera) extract: A randomized, double-blind, placebo-controlled study. Medicine (Baltimore). 2019;98(37):e17186. DOI
  • Majeed M, Nagabhushanam K, Mundkur L. A standardized Ashwagandha root extract alleviates stress, anxiety, and improves quality of life in healthy adults by modulating stress hormones. Medicine (Baltimore). 2023;102(41):e35521. DOI
  • Omisade A, Buxton OM, Rusak B. Impact of acute sleep restriction on cortisol and leptin levels in young women. Physiol Behav. 2010;99(5):651-6. DOI
  • Wolkow A, Aisbett B, Reynolds J, et al. The impact of sleep restriction while performing simulated physical firefighting work on cortisol and heart rate responses. Int Arch Occup Environ Health. 2015;89(3):461-75. DOI

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